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Viñaburu, uno de los nuestros


Quizás debido al poco conocido nombre de la plaza contigua y al esperado aparcamiento, puede haber pasado algo desapercibido que el Ayuntamiento de Pamplona ha dedicado una calle en la zona hospitalaria al boticario olitense del siglo XVIII Pedro de Viñaburu Poza.

Este boticario es conocido por los historiadores de la ciencia como autor de una cartilla de formación de aprendices de botica. Menos conocido es que Viñaburu había elegido y comprado los medicamentos para el Hospital de la Misericordia o General de Pamplona para establecer una “bien dotada botica” y elaborado un perfil profesional del boticario que debía regirla. Tenía botica en la calle Zapatería.

Tampoco es muy conocido que Viñaburu había enviado un memorial a título personal a las Cortes de Navarra reunidas en Tudela que había sido atendido por las mismas, lo cual da idea de su prestigio personal.

Por otra parte, Viñaburu había trabajado con el doctor Gómez de Bedoya, protomédico de Castilla, que por mandato del Marqués de la Ensenada estaba relizando un inventario de manantiales de todos los reinos de España. Hemos localizado que Viñaburu mandó informes de Aribe, Belascoain, Cizur Mayor, Echauri, Falces y Fitero. Es posible que hubiera más informes (Tiermas, por ejemplo, sobre el que ya había escrito un libro entero el gran amigo de Viñaburu, el médico Manuel Rodrigo) pero el ingente trabajo de Gómez de Bedoya fue publicado solamente hasta la letra F y de momento no hemos hallado los originales de los informes desde esa letra.

En el orden personal, el abuelo de Viñaburu provenía de la Baja Navarra y vino a establecerse a Olite. Viñaburu se trasladó a Pamplona donde se casó con Maria Josefa Sarriguren y tuvo ocho hijos, dos de los cuales fueron boticarios como su padre: Pedro Antonio y Elías.

Tras la temprana muerte del heredero Pedro Antonio, su hermano Elías es formado por su padre para pasar su período de aprendizaje como mancebo y aprobar el examen para heredar la botica, cosa que sucede en 1757 al fallecer Pedro de Viñaburu.

Su obra, la Cartilla pharmacéutica, fue publicada en 1729 y reimpresa en 1778, ya habiendo fallecido su autor.

Se trata de un sencillo texto latino y castellano, muy pedagógico y elaborado en sistema de preguntas y respuestas como los catecismos, con resúmenes al final de cada capítulo. Su contenido es francamente anticuado para la época, pero era la doctrina oficial que debían aprender los aspirantes a maestro boticario en Navarra. De hecho la primera pregunta teórica del examen de boticarios en Navarra se hacía “por el Viñaburu”.

Viñaburu dedicó su libro al doctor Leoz, protomédico de Navarra. Ambos pertenecían al Colegio de San Cosme y San Damián, que había sido fundado en 1496 por Juan de Labrit .

A falta de una normativa sanitaria más detallada y completa, Carlos I decide introducir en Navarra el Protomedicato como en Castilla, pero con completa autonomía de aquel. Esto se hace en 1525, por la que se nombra a un navarro, Martín de Santacara, primer protomédico de Navarra.

Las relaciones entre ambas instituciones fueron complejas, estando en ocasiones Cofradía y Protomedicato juntos contra el Real Consejo o una contra la otra. En trescientos años de historia, sucedió absolutamente de todo. Desde luego no se puede afirmar que la relación fuera cordial, pero siendo rigurosos, tampoco estamos en disposición de afirmar lo contrario.

Otorgando el nombre del boticario Viñaburu a una calle nueva de nuestra ciudad en una localización tan significada, entiendo que se quiere también rendir homenaje a una profesión tan desconocida como cercana que precisaba de un reconocimiento explícito.

La Farmacia es una ciencia muy amplia que se desgajó de la Medicina (y uso expresamente este verbo) por “necesidades del servicio” a la salud. Era imposible que un mismo individuo acaparase tal cantidad de saber como para diagnosticar las enfermedades y preparar los medicamentos. No obstante, hasta el siglo XII frecuentemente los mismos personajes fabricaban los medicamentos y diagnosticaban a sus pacientes. Galeno tenía una botica en la Vía Sacra y Andrómaco fabricaba su Tríaca para Nerón. ¿Eran entonces médicos o farmacéuticos? Desde esta perspectiva nos da igual la respuesta: eran sanitarios y como tales deben procurar poner los medios para trabajar en equipo por el bien de la sociedad.

En palabras clásicas tomadas del Viñaburu, Pharmatia est ars quae docet rationem eligendi, praeparandi et componendi medicamenta, eorumque facultates et usus, es decir que lo propio del farmacéutico es el medicamento y es a través de su uso racional el modo en que ayuda a la sociedad a la que sirve, podemos decir en traducción libre.

Termino esta semblanza con otras significativas palabras del propio Viñaburu (a quien algunos renombrados historiadores de la ciencia han considerado como uno de los  boticarios españoles más importantes de su época) refiriéndose a su Cartilla : “no sin misterio la formé en estilo dialogético, para que sepa el orbe que cuando tomé la pluma, preguntando y respondiendo, hice teatro de mí mismo, como Maestro que enseñaba a niños y como niño que deseaba aprender de sus maestros”.

Todo un tratado de pedagogía en una sola frase, de la que muchos deberíamos aprender

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One thought on “Viñaburu, uno de los nuestros

  1. Pingback: Martínez de Leache, posiblemente el mejor boticario del XVII « Bitácora de Pharmacopeus

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