Farmacia

Liberalización de las farmacias




Liberalización de las farmacias

Resulta frecuente oír decir a algunas personas ajenas a nuestro mundo de la farmacia que la competencia mejora el servicio, luego es bueno aumentar sin un cierto control su número y luego, que triunfe el mejor. Que el cliente sale favorecido.

También se escucha que hay que dar oportunidad a todos los licenciados, porque todos tienen derecho a tener su farmacia.

Como siempre, no les falta razón, o parte de ella, a los que así hablan.

El problema de la liberalización de las oficinas de farmacia no es precisamente un tema fácil.

Pero, vamos a intentar dar unas reposadas pinceladas que nos ayuden a poner un poco de luz sobre los puntos de reflexión que nos planteamos en este curso de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Navarra: nuevos modelos/nuevos retos.

El nuevo modelo puede existir, pero el nuevo reto es siempre el mismo, la satisfacción del paciente. La liberalización de las OF consiste en un equilibrio de contrapartidas, teniendo siempre al paciente como centro de la actividad, tanto del Estado para regular o liberalizar, como de la OF a la hora de plantear sus prioridades.

No parece correcto liberalizar absolutamente las OF para luego no dar la más mínima flexibilidad en las variables que puede manejar un negocio, como puede ser la capacidad de hacerse publicidad, el precio controlado (aparte de exiguo), la imposibilidad de hacer descuentos, la obligatoriedad de la receta para dispensar y un largo etcétera. Todas estas limitaciones son por y para el bien del paciente.

Y es que la farmacia no es un negocio cualquiera. Y este es un punto de partida notable. No se trata de un comercio normal entre comillas. Tiene como todos los negocios unos objetivos de beneficio para su propietario, pero se niegan dispensaciones por el bien de la salud del paciente, se orienta hacia productos de menor precio por motivos de salud y en cualquier caso, siempre está presente un stock que bajo ningún concepto tendría ningún negocio cuyo fin no fuera la salud. Tratamos de un centro de atención sanitaria cuya razón de ser es el producto (permítaseme llamarlo así) que nos ha hecho llegar a los miembros del primer mundo al lugar donde nos hallamos. Con una esperanza de vida que casi duplica a la de hace un siglo, y con una calidad de vida sin parangón en toda la historia del hombre.

Este bien es el medicamento, del que el farmacéutico es el especialista máximo, siempre, por supuesto, en colaboración con los otros agentes de la salud.

Por esta razón el establecimiento de las OF está hoy regulado en muchos países (y a lo largo de la historia lo ha estado en todos. No olvidemos que desde hace muchos siglos el número de OF ha estado limitado en todos los países y el control de los profesionales ha sido de lo más estricto desde el siglo XV), porque hay que ofrecer el mejor servicio posible a los pacientes.

Sobre este binomio paciente-medicamento es sobre el que debe girar toda reflexión en torno a la regulación o liberalización de las OF.

El modelo de OF debe encontrarse en equilibrio con el sistema sanitario de cada pais. Un modelo que funciona bien en el Reino Unido no tiene porqué funcionar bien en nuestro país y viceversa, porque el sistema sanitario difiere en lo sustancial. No usan términos comparables quienes pretenden hacer extrapolaciones entre paises que no tienen sistemas sanitarios homogéneos. Con un modelo de financiación como el nuestro de hace unos quince años, en el que el farmacéutico le correspondían muchos pacientes con un nutrido gasto por persona, se producía un beneficio quizás excesivo, pero que tenía sus ventajas, pues la ley podía exigir al farmacéutico una formación continua, una dedicación exclusiva y una responsabilidad completa de todos y cada uno de los aspectos de la OF.

Según la ley en el modelo tradicional, toda la responsabilidad recae sobre el farmacéutico, desde la dispensación hasta el libro recetario, pasando por el control de estupefacientes y un sinnúmero de otros aspectos tanto en el sentido profesional como empresarial por no hablar de las incompatibilidades.

Quizás en un momento dado este modelo se desestabilizó y surgieron cambios coyunturales que no sólo tienen su origen en la OF sino también en el sistema sanitario público.

En la actualidad, nuestro sistema sanitario público tiende a ahorrar a toda costa. Esto implica una menor ganancia de todos los intermediarios de la cadena del medicamento. Como el sistema se siente incapaz de recortar servicios a las personas individuales, lo que se hace es intervenir sobre las diferentes fases del ciclo de vida del medicamento para intentar ahorrar en el cómputo general.

No se puede disminuir el número de personas con una patología, pero sí se puede actuar sobre las partes más débiles del proceso de curación de esas personas.

Se ha decidido actuar sobretodo sobre las OF y sus márgenes en los últimos años. Los grupos homogéneos, los precios fijos de los mismos, independientemente de su formulación, el recorte del beneficio según el precio del medicamento, la introducción del visado previo de sanidad, los servicios de farmacéuticos de atención primaria y un largo etcétera que sería prolijo enumerar son ejemplos de esta política de ahorro a toda costa. El modelo de OF está claramente quedándose al margen del sistema sanitario. No se avanza en armonía y parece que todo cambio está orientado para perjudicar a la OF.

Lo importante sería mantener el equilibrio entre el modelo sanitario público y los intereses de los farmacéuticos, de modo que éstos se sientan cómodos y tranquilos en su trabajo tanto en el aspecto profesional como en el empresarial, en un contexto de seguridad jurídica y de perspectivas que le faculten para seguir invirtiendo en calidad, en buenas instalaciones para sus pacientes y en general para poder dedicarse al uso racional del medicamento y a cuidar la salud de sus pacientes.

Esto otorga al paciente un valor añadido que redundará en su beneficio. Siempre en la medida en que el boticario se encuentre sin problemas extraños y sienta la salud de los pacientes como algo suyo. Esto difícilmente se puede dar en un asalariado trabajando para una sociedad o cadena más o menos anónima.

Por otro lado, y esto pocas veces se comenta, es obvio pensar que desde la titularidad se puede ejercer con plena confianza el legítimo derecho a la objeción de conciencia, cosa que es mucho más difícil en la situación de asalariado.

El modelo de OF debe evolucionar para adaptarse a la nueva situación. ¿Es esto liberalizar?. Si lo es, bienvenida sea la liberalización.

El farmacéutico debería tener dos tipos de beneficios: uno en tanto en cuanto empresario, pues lo es y expone su patrimonio personal en una empresa y otro en tanto en cuanto a un profesional de altísima cualificación como pago a sus responsabilidades profesionales.

La posible liberalización debería poder garantizar ambos beneficios del farmacéutico empresario, si no se corre el riesgo de fracaso del sistema, con el consiguiente deterioro del nivel de atención de los pacientes.

Si modificamos constantemente los ratios de población, los precios de los medicamentos, los márgenes, el farmacéutico como empresario puede perder interés en seguir invirtiendo en una OF en condiciones. Que conste que esto tampoco se corresponde con los famosos traspasos multimillonarios de hace algunos años. En todo esto hay que buscar de nuevo el equilibrio.

El paciente debe obtener una calidad 10 sobre 10 con un medicamento 10 sobre 10. Ese es el objetivo que tiene que perseguir toda la acción sobre la ordenación farmacéutica.

Sin otra tara que esta, vamos a analizar lo que aporta la liberalización completa de las OF sobre este binomio paciente-medicamento.

La pregunta es obvia ¿qué se entiende por liberalizar? Para mí esto no tiene sentido. ¿Es crear cadenas? No creo. ¿Es romper la dualidad propiedad-titularidad? Considero que tampoco. ¿Consiste entonces en cambiar los ratios de población y distancia? Navarra lo hizo y tampoco considero que se trate de una liberalización.

De nuevo insisto en que la ordenación adecuada será aquella que faculte al farmacéutico empresario para estar tranquilo y satisfecho en un marco jurídico y ambiental favorable de modo que le compense dedicarse el 100 por cien de su tiempo a sus pacientes y no a defender su empresa del fuego amigo (entre muchas comillas).

El paciente es lo primero, va por delante de todos los demás planteamientos. Como la razón de ser de estos servicios son los pacientes, la liberalización debería estar orientada a que el servicio mejore con respecto al modelo regulado. Si esto fuera así, deberíamos apostar por ella.

El modelo de ordenación de farmacias debe, como digo ir orientado al mejor servicio del paciente y a su mejor acceso al medicamento y no a los intereses más o menos oscuros de terceros implicados.

De modo que, cambio si, pero manteniendo el equilibrio.

Cuando digo acceso al medicamento no sólo me refiero al objeto en sí, sino también a todo lo que le rodea, que es la información básica y la adicional que es necesaria para el uso racional y adecuado del mismo. El uso de las llamadas especialidades complejas o medicamentos de difícil manejo, la posología de los mismos y otros aspectos como el seguimiento de las reacciones adversas y los efectos secundarios no deseados deben ser seriamente observados desde las OF y su labor es difícilmente sustituible.

Por otra parte, se ha esgrimido como argumento a favor de la liberalización que el artículo 43 del Tratado constitutivo de la Unión Europea, permite la libertad de establecimiento de los negocios pero no es menos cierto que el artículo 152 contempla la facultad de los Estados miembros para velar por la salud de sus ciudadanos y que esta pueda primar sobre la libertad de establecimiento de las OF. Incluso me permito recordar que el Tribunal de Luxemburgo ha sancionado como compatible con el tratado de la unión el modelo sueco que es de tipo estatalista.

De todos modos, permítanme una reflexión en alto: si en Europa, siguiendo los mismos razonamientos no somos capaces de poner el mismo precio al mismo medicamento y hacerlo llegar a los ciudadanos en las mismas condiciones de prescripción, financiación, publicidad, etcétera ¿Queremos tener el mismo modelo farmacéutico?

Quizás cuando en Europa seamos capaces de llegar al precio único entonces será el momento en el que podamos empezar a comparar modelos y las ventajas y desventajas de cada uno de los elementos de cada modelo (titularidad, metros de distancia entre OF, publicidad, número de oficinas por titular, margen de beneficio, posibilidad de fabricar a nivel semiindustrial como en Alemania, entre otros elementos) para así poder evolucionar todos juntos hacia un modelo único europeo de OF.

Concluyendo, hemos determinado que toda organización o liberalización de la OF debe estar orientada al bien de los pacientes. Este es el punto de mira que han de tener las leyes.

La libre apertura sin control de OF puede tener dos vicios: 1. pueden caer en manos de cadenas que antepongan los intereses económicos a los intereses de los pacientes y 2. pueden hacer que el servicio de las OF sea defectuoso por falta de rentabilidad en el ejercicio de la profesión.

Por último si se quiere una libertad total de apertura de OF se debe ofrecer una flexibilización de los precios, el marketing de la farmacia y otras contraprestaciones que equilibren las exigencias con la liberalización. Las farmacias deberían en este caso parecerse más en muchos aspectos a los otros comercios. Es dudoso que esto redunde en una mejora de la salud de los pacientes.

Como punto final resulta esperanzador que personas tan cualificadas y sin embargo ajenas a nuestra profesión como Yves Bot, abogado general del tribunal de justicia de las comunidades europeas en Luxembugo haya dicho:

“los farmacéuticos no son meros dispensadores de medicamentos, ya que la dispensación incluye otras obligaciones no retribuidas como la de asesoramiento e información sobre el medicamento. Las competencias del farmacéutico de asesoramiento e información justificarían el monopolio del farmacéutico en la distribución de medicamentos al público”.

Conferencia pronunciada en día 9 de septiembre de 2008 en la Universidad de Navarra.

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3 thoughts on “Liberalización de las farmacias

  1. Antonio gonzalez dice:

    Leo su escrito y le felicito porque pone un punto de vista algo diferente de lo que habitualmente leemos, pero quiza el ejemplo de Yves Bot, no sea el mas adecuado. Casado con una farmaceutica, dudo que tenga la independencia necesaria para tratar este asunto y que usted parece atribuirle.

    • pharmacopevs dice:

      Ante todo, muchas gracias por la lectura y comentario de este post.
      Desconocía el hecho de que la esposa del señor Bot era farmacéutica, esto debería ser motivo para que él mismo se autoexcluyera del estudio del tema por parte de la Comisión Europea. Es más elegante. No obstante, esto no es óbice para que su cualificadísima opinión tenga relevancia.
      Expongo en mi post una opinión, no tiene porqué ser la verdadera ni la única. Me gustaría conocer la suya. Un cordial saludo.

  2. cogito ergo sum dice:

    Como farmacéutico que ha trabajado en farmacias como adjunto y sustituto, no estoy en absoluto de acuerdo en la presunción de que las cadenas comerciales supongan un deterioro de la atención farmacéutica. Me baso en mi experiencia personal, en muchas farmacias el personal que atiende no está cualificado, se trata en muchos casos de familiares contratados o no bajo el nombre de ayudantes, auxiliares sin título ni de farmacia ni de técnico auxiliar del medicamento. El actual modelo deja plena libertad de contratación al titular de la farmacia sin que los empleados deban tener una titulación salvo en el caso de la sustitución del titular de la farmacia, garantizándose la presencia de, al menos, un licenciado.
    Por otro lado, se cometen muchas irregularidades en la dispensación de medicamentos que se justifican para no molestar al paciente, como dar el medicamento esperando que posteriormente se traerá la receta, etc..Normalmente, el farmacéutico no titular tiene más tiempo para formarse y está más preparado el el titular, pero tiene menos oportunidades de trabajar, lo que perjudica a la atención del paciente. No queramos justificar este modelo con la salud del paciente, cuando lo que hay de fondo son los intereses económicos de los farmacéuticos establecidos

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