Farmacia

La pulsera de las narices


La sociedad civil ha actuado.

Informa la prensa que una asociación de consumidores estima que la comercialización de las pulseras magnéticas puede ser constitutiva de fraude, pues probablemente entra del ámbito de lo previsto en Real Decreto de los productos de pretendida finalidad sanitaria. Bien. Veremos que dice la justicia al respecto.

No deja de ser paradójico que en un momento de crisis económica se disparen las ventas de algo tan claramente sospechoso de ser un fraude. Y que sea empleado por personas de cultura más que notable.

Parece una paradoja de Chesterton. Pero como no es mi cometido juzgar la eficacia o no de estos objetos, no quiero seguir este camino. Me gustaría ir más al fondo.

Me pregunté hace tiempo (no es la primera vez que sucede algo así, ni probablemente sea la última) por la razón por la que este tipo de objetos pueden tener éxito y no haya una respuesta por parte de la sociedad y de las organizaciones gubernamentales.

Sobre las autoridades sanitarias no tengo control alguno y por tanto me abstengo de opinar.

¿Por qué reacciona la sociedad comprando un fraude tan evidente?

La primera hipótesis es que responda a una campaña comercial de gran magnitud. Puede ser una respuesta.  Pero si el producto es fraudulento, la venta será prohibida y no hay más problema.

La segunda hipótesis es que algo nos falle en el esquema de salud mental colectivo y hemos de ir aprendiendo a leerlo, si se me permite usar esta expresión.

En Farmacia usamos el término “efecto placebo”, que no debe ser confundido con el placebo a secas. Placebo es una sustancia sin actividad biológica alguna, simplificando mucho. Tiene determinados usos importantes, pero no vienen al caso. El efecto placebo es la parte del efecto total de un medicamento que se debe a la expectativa de mejora que tiene el paciente en quien lo prescribe o dispensa y en el hecho de ser un medicamento.

Yo tenía un amigo que se ponía la corbata “de conseguir pedidos”,  siendo consciente de que todo el proceso de obtención de un pedido dependía de su capacidad de convencimiento y de negociación. Pero, se sentía más seguro con su corbata especial.

Se que mi obligación como farmacéutico es advertir del nulo efecto de las pulseritas de marras, pero hay un tema muy importante: no hacen daño (salvo al bolsillo). Se trata de un inocente amuleto. No son un peligro sanitario (a priori). Es más, hace semanas, cuando aún Facua no había denunciado el hecho, fui tachado de retrógrado por un paciente al que dije que no vendía artilugios raros en mi Oficina, y eso no es fácil de aceptar.

Anécdotas aparte, el hecho es que en ocasiones a los sanitarios en general se nos puede olvidar que los medicamentos (que tienen efecto reconocido por las autoridades pertinentes) tienen un valor extra si se acompañan con confianza y cariño hacia la persona que los necesita. Un antiinflamatorio “desinflama” más si se receta y dispensa con calor humano y con interés hacia el paciente que si se hace con desgana, prisa y malas maneras. En ocasiones pienso que este fenómeno denunciado en estas mismas páginas por un farmacéutico de atención primaria sobre la “medicalización de la sociedad” está creando un efecto boomerang por el cual los medicamentos estan perdiendo parte de su eficacia por haber perdido humanidad algunos sanitarios. ¿Será el motivo por el que se busca ese equilibrio perdido en unas pulseras inútiles?

Anuncios
Estándar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s