Guerra química
Hace muchos años que llevo estudiando el tema desde mi condición de farmacéutico y castrense en la reserva.
Al tomar cierta notoriedad el uso del armamento químico por parte de nuestro ejército en la guerra de Marruecos ha despertado en mí el interés por escribir algunas notas sobre el tema. Veremos.
De entrada me hago una pregunta: ¿Es lícito y ético usar la guerra química?
Los sobrantes ¿Untermenschen?
El pequeño problema es que mañana te puede tocar a ti.
Sobran los pequeñines, que vaya por Dios, vienen en un momento en el que sobran.
Como sobran se queman, cortan, torturan, trituran. Se eliminan como sea.
Pero sobran los abuelos. A esos los amontonamos en lo que antes se llamaban asilos y hoy se llaman “Residencias de la tercera edad”, que es lo mismo, pero nos calla la conciencia. (Con esto no quiero decir que todas sean iguales, qui potes capere, capiat).
En un magnífico libro el periodista alemán, tristemente fallecido, Joachim Fest nos explica claramente cómo fue el proceso de exterminio de los “sobrantes” en la Alemania nazi. No es necesario contarlo. Todos lo conocemos. Los sobrantes fueron erradicados. Uno está seguro mientras no es sobrante. El problema es saber el momento en el que de ser supuestamente necesario, uno pasa a ser sobrante. Bertold Brecht lo expresó en su poema también muy conocido.
El título del libro de Fest es Ich nich (Yo no). Pues bien, yo tampoco.
Manifiesto rotundamente que no sobra nadie, que los viejos no pueden ser apartados después de habernos querido y ayudado a ser lo que somos y a los pobrecillos indefensos que se hallan dentro de sus madres no se les puede eliminar por la idoneidad del momento en el que son concebidos. Viva la vida.
El aborto no puede ser un sistema anticonceptivo más
De nuevo Llamazares y otros de su formación han hecho una patochada para poner el Estado de Derecho patas arriba.
Con su actitud no consiguen más que hacernos perder la perspectiva. Existe una ley, que despenaliza el aborto, pero sólo lo ampara en unos casos concretos. Si quieren alguna otra cosa distinta a esto, que luchen por ella en las urnas y no con la insumisión o la autoinculpación que no es un sistema compatible con la democracia que dicen defender.
Lo lógico es buscar la manera de ayudar a las madres de la manera más eficaz y no matar al niño que llevan en sus entrañas.
La ley de plazos no es en modo alguno una solución, pues nunca matar es solución de nada. Como profesional de la salud tengo claro que toda vida se merece el máximo respeto y no somos nadie dueños de ella, ni siquiera su madre. Se trata de un ser único e irrepetible.
Pero, eso sí, busquemos positivamente una manera de ayudar a las madres que se ven en dificultades por un embarazo no deseado, pero soluciones de verdad, no ejecuciones. Eso es un reto de nuestra sociedad de primer orden.
Quizás la vía de la adopción pueda ser un camino. Existen innumerables familias que desean tener hijos y no pueden. Demos a los no nacidos una oportunidad de disfrutar de la vida. Esta cultura de muerte y destrucción de las clínicas abortivas no lleva a ninguna parte más que a considerar el asesinato de inocentes como una forma de anticoncepción. Y eso no puede ser. La vida es algo demasiado serio como para tomárnosla así.
Benedicto XVI a favor de la objeción de conciencia
El Papa, decidido partidario de la objeción de conciencia farmacéutica
El pasado día 29 de octubre, el santo Padre acogió en Roma a los miembros del XXV congreso internacional de farmacéuticos católicos, que tenía por lema: “Las nuevas fronteras de la farmacia”.
El Papa elogió la labor de los farmacéuticos en su “papel educativo con respecto a los pacientes con vistas al uso correcto de los medicamentos y, sobretodo, para dar a conocer las implicaciones éticas de la utilización de ciertos medicamentos”.
Por otra parte destacó que “ninguna persona puede ser utilizada, de manera desconsiderada, como un objeto, para realizar experimentos terapéuticos”.
Como punto central del discurso, el Papa dijo: “en el campo moral, vuestra federación está invitada a afrontar la cuestión de la objeción de conciencia, que es un derecho que debe reconocerse a vuestra profesión, permitiéndoos no colaborar, directa o indirectamente, en la suministración de productos que tengan como finalidad opciones claramente inmorales, como por ejemplo el aborto y la eutanasia”.
Más adelante, llama a la solidaridad de todos los estamentos de la cadena farmacéutica con los pueblos y gentes más desfavorecidas.
Tuvo el Santo Padre también un momento para la investigación y dijo que “el ser humano, por ser imagen de Dios, debe ocupar siempre el centro de las investigaciones y de las opciones en materia biomédica”. “Las ciencias biomédicas están al servicio del hombre; si no fuera así, tendrían un carácter frío e inhumano”. “Todo conocimiento científico en el campo de la salud y toda actividad terapéutica están al servicio del hombre enfermo, considerado en su ser integral, que debe participar activamente en los cuidados que se le suministran y debe ser respetado en su autonomía”.
Creo que toda apostilla sobre este magnífico texto del Papa es superflua.
Lo único que se puede añadir es que ya va siendo hora de que se atienda el clamor unánime de todos los profesionales de la salud que exigimos que se nos reconozca nuestro derecho a la objeción de conciencia.
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