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OPINIÓN: Urge el cambio de sociedades abortistas a sociedades no abortistas


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Por Rafael Domingo Oslé

Nota del editor: Rafael Domingo Oslé es catedrático de la Universidad de Navarra y Profesor Visitante de la Emory University.

Toda sociedad, política o religiosa, sea local, nacional, supranacional, o global, tiene su pecado, su miseria, su desventura. También su leyenda negra.

A toda sociedad le gustaría borrar parte de su historia. Pero la historia ni olvida ni perdona: queda grabada a fuego en la memoria de los pueblos. Hoy en día, nos avergonzamos de la esclavitud, las guerras, la tortura, las dictaduras totalitarias, el terrorismo, la persecución religiosa, el holocausto, el racismo, la discriminación de la mujer, el desprecio social a la persona homosexual y de tantas cosas más que antaño fueron aplaudidas y respaldadas política, social, cultural e intelectualmente como si nada pasara. Incluso con argumentos religiosos. Piénsese, por ejemplo, en el Ku Klux Klan.

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Derecho a la vida

Aborto libre y progresismo


Por su enorme interés y actualidad, tomo prestadas las palabras del gran genio de la lengua española que fue Miguel Delibes. Este artículo fue publicado en 2007.

En estos días en que tan frecuentes son las manifestaciones en favor del aborto libre, me ha llamado la atención un grito que, como una exigencia natural, coreaban las manifestantes: «Nosotras parimos, nosotras decidimos». En principio, la reclamación parece incontestable y así lo sería si lo parido fuese algo inanimado, algo que el día de mañana no pudiese, a su vez, objetar dicha exigencia, esto es, parte interesada, hoy muda, de tan importante decisión. La defensa de la vida suele basarse en todas partes en razones éticas, generalmente de moral religiosa, y lo que se discute en principio es si el feto es o no es un ser portador de derechos y deberes desde el instante de la concepción. Yo creo que esto puede llevarnos a argumentaciones bizantinas a favor y en contra, pero una cosa está clara: el óvulo fecundado es algo vivo, un proyecto de ser, con un código genético propio que con toda probabilidad llegará a serlo del todo si los que ya disponemos de razón no truncamos artificialmente el proceso de viabilidad. De aquí se deduce que el aborto no es matar (parece muy fuerte eso de calificar al abortista de asesino), sino interrumpir vida; no es lo mismo suprimir a una persona hecha y derecha que impedir que un embrión consume su desarrollo por las razones que sea. Lo importante, en este dilema, es que el feto aún carece de voz, pero, como proyecto de persona que es, parece natural que alguien tome su defensa, puesto que es la parte débil del litigio.
La socióloga americana Priscilla Conn, en un interesante ensayo, considera el aborto como un conflicto entre dos valores: santidad y libertad, pero tal vez no sea éste el punto de partida adecuado para plantear el problema. El término santidad parece incluir un componente religioso en la cuestión, pero desde el momento en que no se legisla únicamente para creyentes, convendría buscar otros argumentos ajenos a la noción de pecado. En lo concerniente a la libertad habrá que preguntarse en qué momento hay que reconocer al feto tal derecho y resolver entonces en nombre de qué libertad se le puede negar a un embrión la libertad de nacer. Las partidarias del aborto sin limitaciones piden en todo el mundo libertad para su cuerpo. Eso está muy bien y es de razón siempre que en su uso no haya perjuicio de tercero. Esa misma libertad es la que podría exigir el embrión si dispusiera de voz, aunque en un plano más modesto: la libertad de tener un cuerpo para poder disponer mañana de él con la misma libertad que hoy reclaman sus presuntas y reacias madres. Seguramente el derecho a tener un cuerpo debería ser el que encabezara el más elemental código de derechos humanos, en el que también se incluiría el derecho a disponer de él, pero, naturalmente, subordinándole al otro.
Y el caso es que el abortismo ha venido a incluirse entre los postulados de la moderna «progresía». En nuestro tiempo es casi inconcebible un progresista antiabortista. Para estos, todo aquel que se opone al aborto libre es un retrógrado, posición que, como suele decirse, deja a mucha gente, socialmente avanzada, con el culo al aire. Antaño, el progresismo respondía a un esquema muy simple: apoyar al débil, pacifismo y no violencia. Años después, el progresista añadió a este credo la defensa de la Naturaleza. Para el progresista, el débil era el obrero frente al patrono, el niño frente al adulto, el negro frente al blanco. Había que tomar partido por ellos. Para el progresista eran recusables la guerra, la energía nuclear, la pena de muerte, cualquier forma de violencia. En consecuencia, había que oponerse a la carrera de armamentos, a la bomba atómica y al patíbulo. El ideario progresista estaba claro y resultaba bastante sugestivo seguirlo. La vida era lo primero, lo que procedía era procurar mejorar su calidad para los desheredados e indefensos. Había, pues, tarea por delante. Pero surgió el problema del aborto, del aborto en cadena, libre, y con él la polémica sobre si el feto era o no persona, y, ante él, el progresismo vaciló. El embrión era vida, sí, pero no persona, mientras que la presunta madre lo era ya y con capacidad de decisión. No se pensó que la vida del feto estaba más desprotegida que la del obrero o la del negro, quizá porque el embrión carecía de voz y voto, y políticamente era irrelevante. Entonces se empezó a ceder en unos principios que parecían inmutables: la protección del débil y la no violencia. Contra el embrión, una vida desamparada e inerme, podía atentarse impunemente. Nada importaba su debilidad si su eliminación se efectuaba mediante una violencia indolora, científica y esterilizada. Los demás fetos callarían, no podían hacer manifestaciones callejeras, no podían protestar, eran aún más débiles que los más débiles cuyos derechos protegía el progresismo; nadie podía recurrir. Y ante un fenómeno semejante, algunos progresistas se dijeron: esto va contra mi ideología. Si el progresismo no es defender la vida, la más pequeña y menesterosa, contra la agresión social, y precisamente en la era de los anticonceptivos, ¿qué pinto yo aquí? Porque para estos progresistas que aún defienden a los indefensos y rechazan cualquier forma de violencia, esto es, siguen acatando los viejos principios, la náusea se produce igualmente ante una explosión atómica, una cámara de gas o un quirófano esterilizado.
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Farmacia

Drogas recreativas III. Legal Highs


Tercera entrega.

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¿Qué son las legal highs? Su traducción literal da una pista, subidón legal. Son sustancias psicoactivas legales ya que se comercializan bajo la etiqueta de “no apto para consumo humano” en forma de sales de baño, abono para las plantas, inciensos o limpiadores de pipas de agua,  de tal manera que se evita pasar los controles sanitarios requeridos para el consumo humano. Se compran líbremente en internet en multitud de páginas web. El consumidor ingiere, fuma, esnifa o inhala estas sustancias buscando un efecto euforizante, un subidón. No hay información de ningún tipo en el etiquetaje sobre su composición, efectos, dosis y obviamente ninguna garantía sobre lo mismo, ni ninguna responsabilidad más que la del usuario inconsciente que decide consumirlas.

Por fortuna, existen ONG’s como Energy Control, que facilitan el análisis de sustancias al consumidor, sean drogas ilegales o alegales. Los resultados publicados sobre la composición de las legal highs ofrecen…

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Farmacia

Drogas recreativas II Glosario básico para farmacéuticos.


Blogueo la segunda parte de este interesantísimo contenido.

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En esta segunda entrega de las drogas recreativas me centraré en las drogas disociativas o alucinógenas. No generan una dependencia tan manifiesta como los opiodes y la cocaína pero su consumo causa tolerancia por lo que es necesario ir aumentando la dosis para conseguir el mismo efecto farmacológico. Su consumo a largo plazo provoca neurotoxicidad  y pueden desencadenar trastornos psiquiátricos subyacentes.

Ketamina (keta):  Anestésico general comercializado en el ámbito veterinario. Si se utiliza a dosis bajas tiene efecto disociativo, si se aumenta la dosis, alucinógeno. Su efecto aparece a los 10-15 minutos y dura unas dos horas. Se consume esnifada o inyectada. Su precio oscila entre los 40 y los 60€ el gramo.

LSD (tripi, ajo, ácido): Dietil amina del ácido lisérgico obtenido del cornezuelo del centeno. Se consume por vía oral en forma líquida o sólida sobre papel secante. Es un potente alucinógeno. Actúa a los…

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Farmacia

Drogas recreativass I Glosario básico para farmacéuticos.


Por su interés, reblogueo para mis seguidores este contenido

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Primera entrega de una serie de cuatro. Pretendo hacer un rápido y muy básico repaso a las sustancias psicótropas desde las clásicas conocidas ( heroína, cocaína, hachís), las de síntesis ( anfetaminas, LSD, GHB), las RCs (reseach chemicals) o legal highs y los medicamentos legales de abuso. ¿Con que intención? refrescar conceptos y echar un ojo fuera del entorno de indicación terapéutica.

Heroína (diacetilmorfina, jaco, caballo): obtenida de la adormidera ( papaver somniferum) por acetilación de la morfina proveniente del opio que es la resina que se sangra de las cápsulas de la adormidera. La heroína es un derivado

opioide semisintético con potente efecto analgésico. Produce una marcada sensación de bienestar por activación de los receptores μ opiodies.  A dosis elevadas causan depresión respiratoria que es la causa de muerte por sobredosis. Provoca dependencia y tolerancia. Su grado de pureza medio en el mercado negro está…

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